domingo 11 de enero de 2009

La vida contemplativa implica dos niveles de conciencia...


La vida contemplativa implica dos niveles de conciencia: primero, conciencia de la pregunta, y segundo, conciencia de la respuesta. Aunque estos son dos niveles distintos y enormemente diferentes, son de hecho conciencia de la misma cosa. La pregunta es, ella misma, la respuesta. Y nosotros mismos somos ambas. Pero esto no lo podemos conocer hasta que no nos hallamos desplazado hasta el segundo nivel de conciencia. Despiertos, no para encontrar una respuesta absolutamente diferente a la pregunta, sino para comprender que la pregunta es su propia respuesta. Y todo ello resumido en una conciencia: no una proposición, sino una experiencia: YO SOY.  

jueves 8 de enero de 2009

Cuanto más estamos a solas con Dios...

Cuanto más estamos a solas con Dios más estamos con los demás, en la oscuridad, y sin embargo una multitud. Y cuanto más salimos hacia los demás en el trabajo y la actividad y la comunicación, en acuerdo con la voluntad y la caridad de Dios, más estamos multiplicados en Él y, a pesar de todo, estamos en soledad.

 

miércoles 7 de enero de 2009

El diablo no teme predicar...

El diablo no teme predicar la voluntad de Dios siempre y cuando la pueda predicar a su manera.

El argumento es más o menos así: “Dios quiere que hagas lo que es correcto. Pero tú posees un sentido interno que te dice, mediante una cálida sensación de bienestar, lo que está bien. Por lo tanto, si otros tratan de interferir y hacer que hagas algo que no produce esta agradable sensación de satisfacción interior, cita la Biblia, diles que debes obedecer a Dios más que a los hombres, y entonces sigue adelante y haz tu voluntad, haz eso que te da esa sensación tan cálida y agradable.” 

martes 6 de enero de 2009

La perfecta libertad espiritual...

La perfecta libertad espiritual es la total incapacidad de tomar una decisión maligna. Cuando todo lo que deseas es verdaderamente bueno y cada elección no sólo aspira a esa bondad sino que la alcanza, entonces eres libre porque haces todo lo que quieres, cada acto de tu voluntad acaba en perfecta satisfacción.

La libertad por tanto no consiste en un equilibro entre buenas y malas alternativas sino en el amor y la aceptación perfectos de lo que es realmente bueno y la abominación y rechazo perfectos de lo que es malo, de tal manera que todo lo que haces es bueno y te hace feliz, y tú niegas e ignoras cada posibilidad que pueda llevarte a la infelicidad y la autodecepción y el dolor. Sólo el hombre que ha rechazado todo el mal tan completamente que es incapaz de desearlo en absoluto, es verdaderamente libre. 

lunes 5 de enero de 2009

No cabe esperar que la fe...

No cabe esperar que la fe dé una completa satisfacción al intelecto. De hecho lo deja suspendido en la oscuridad, sin una luz apropiada a su propio modo de conocer. Y sin embargo no frustra al intelecto, ni lo niega, ni lo destruye. Lo pacifica con una convicción que sabe que puede aceptar bastante racionalmente bajo la guía del amor. Porque el acto de fe es un acto en el que el intelecto se contenta con conocer a Dios amándole y aceptando Sus afirmaciones sobre Él mismo en Sus propios términos. Y esta aprobación es bastante racional porque está basada en la comprensión de que nuestra razón no puede decirnos nada acerca de Dios en cuanto a cómo es realmente en Sí mismo, ni sobre el hecho de que Dios es absoluta actualidad y por lo tanto infinitas Verdad, Sabiduría, Poder y Providencia, ni de que Dios puede revelarse a Sí mismo en la manera que Le plazca, ni de que Dios pueda certificar Su propia revelación por signos externos.

 

domingo 4 de enero de 2009

Una fe que sirve solamente...

Una “fe” que sirve solamente para confirmarnos en nuestro dogmatismo y autocomplacencia puede ser muy bien un ejemplo de duda teológica. La verdadera fe nunca es simplemente una fuente de bienestar espiritual. Puede muy bien traer paz, pero antes de eso debe implicarnos en una lucha. Una “fe” que evita esta lucha es realmente una tentación contra la verdadera fe. 


sábado 3 de enero de 2009

En la verdadera visión cristiana del amor de Dios...

En la verdadera visión cristiana del amor de Dios, la idea de merecimiento pierde su significado. La revelación de la misericordia de Dios hace del problema del merecimiento algo casi risible: el descubrimiento de que no tiene especial importancia (ya que nadie podría ser nunca, estrictamente hablando, merecedor de ser amado con un amor como éste) es una verdadera liberación para el espíritu. Y hasta que este descubrimiento se hace, hasta que esta liberación no ha sido llevada a cabo por la misericordia divina, el hombre es prisionero del odio.



viernes 2 de enero de 2009

Yo que vivo sin amor...


Yo que vivo sin amor no puedo llegar a ser amor a no ser que el Amor me identifique Consigo mismo. Pero si Él envía su propio Amor, Él mismo, para amar y actuar en mí y en todo lo que hago, seré transformado, descubriré quien soy y poseeré mi propia identidad perdiéndome yo mismo en Él.

Y a esto es a lo que se llama santidad. 

jueves 1 de enero de 2009

Esta es su mayor gloria...

Esta es su mayor gloria: que no teniendo nada propio, no reteniendo nada de un yo en lo que pudiera gloriarse ella misma, no interpuso ningún obstáculo a la misericordia de Dios y no opuso ninguna resistencia a Su amor y a Su voluntad. De aquí que recibiese más de Él que ningún otro santo. Él pudo cumplir Su voluntad en ella de forma perfecta, y Su libertad no fue disminuida ni cambiada de propósito en lo más mínimo por la presencia de un yo egoísta en María. Ella fue y es, en el más alto sentido de la palabra, una persona, precisamente porque, siendo inmaculada, estaba libre de cualquier traza de egoísmo que pudiera oscurecer la luz de Dios en su ser. Ella fue una libertad que Le obedeció perfectamente y en esta obediencia encontró la plenitud del amor perfecto.


miércoles 31 de diciembre de 2008

El hombre más peligroso del mundo...

El hombre más peligroso del mundo es el contemplativo no dirigido espiritualmente. Se fía de sus propias visiones. Obedece los atractivos de sus voces interiores pero no escucha a otros hombres. Identifica la voluntad de Dios con cualquier cosa que le hace sentir en su corazón un gran resplandor, cálido y dulce. Cuanto más dulce y más cálido es el sentimiento más se convence de su infalibilidad. Y si la mera fuerza de su propia autoconfianza se comunica a otras personas de forma que le de la impresión de que es realmente un santo, ese hombre es capaz de arruinar una ciudad, una orden religiosa o una nación. El mundo esta cubierto de cicatrices dejadas por visionarios como estos.



El Dios vivo...

El Dios vivo, el Dios que es Dios y no la abstracción de un filósofo, se encuentra mucho más allá del alcance de cualquier cosa que nuestros ojos puedan ver o nuestras mentes comprender. No importa qué perfección le atribuyas, debes siempre añadir que tu concepto es sólo una pálida analogía de la perfección que es en Dios, y que Él no es literalmente lo que tú concibes por ese término.

Aquél que es luz infinita es tan tremendo en Su evidencia que nuestras mentes sólo lo ven como oscuridad. Lux in tenebris lucet et tenebrae eam non comprehenderunt.

sábado 27 de diciembre de 2008

La contemplación es...

La contemplación es la más alta expresión de la vida espiritual e intelectual del hombre. Es esa misma vida completamente despierta, completamente activa, completamente consciente de que está viva. Es asombro espiritual. Es maravillarse espontáneamente ante lo sagrado de la vida, del ser. Es gratitud por la vida, por la conciencia y por el ser. Es la comprensión vívida del hecho de que la vida y la existencia en nosotros procede de una Fuente infinitamente abundante, trascendente e invisible. La contemplación es, por encima de todo, conciencia de la realidad de esa fuente: conoce la Fuente, de forma obscura, inexplicable pero con una certidumbre que va más allá tanto de la razón como de la simple fe.  



viernes 26 de diciembre de 2008

Nuestra idea de Cristo...

Cada uno de nosotros tiene una idea de Cristo que es limitada e incompleta. Está tallada según nuestra propia medida. Tendemos a crearnos un Cristo para nosotros a nuestra propia imagen, una proyección de nuestras propias aspiraciones, deseos e ideales. Encontramos en Él lo que queremos encontrar. Hacemos de Él no sólo la encarnación de Dios sino también la de las cosas por las que nosotros, nuestra sociedad y nuestra parte de la sociedad vivimos en cada momento.

 Por lo tanto, aunque si bien es cierto que la perfección consiste en imitar a Cristo y reproducirle en nuestras propias vidas, no es suficiente imitar al Cristo de nuestra imaginación.

jueves 25 de diciembre de 2008

La vida en Cristo...

La vida en Cristo es la vida en el misterio de la Cruz. Es no sólo una participación sobrenatural oculta en la vida divina en la eternidad, sino una participación en un misterio divino, una acción sagrada en la que Dios mismo entra en el tiempo y, con la cooperación de los hombres que han respondido a Su llamada y han sido reunidos en una asamblea sagrada, la Iglesia, lleva a cabo la redención del hombre.



miércoles 24 de diciembre de 2008

Los dogmas de la fe Católica...

Los dogmas de la fe Católica no son meros símbolos o racionalizaciones vagas que aceptamos como estímulos arbitrarios alrededor de los cuales las buenas acciones morales puede que se formen o desarrollen. Aún es menos cierto que cualquier idea podría servir tan bien como las que se han definido o que cualquier viejo pensamiento piadoso  fomentaría esta vaga vida moral en nuestras almas. Los dogmas definidos y enseñados por la Iglesia tienen un significado concreto, positivo y preciso que aquellos que posean la gracia de poder hacerlo deben explorar y penetrar si desean vivir una vida espiritual integral. Ya que la comprensión del dogma es el camino próximo y normal a la contemplación.


martes 23 de diciembre de 2008

Sólo María...

Sólo María, de todos los santos, es, en todo, incomparable. Posee la santidad de todos ellos y, sin embargo, no se parece a ninguno de ellos. Aún así podemos hablar de ser como ella. Este parecerse a ella no es sólo algo que podamos desear; es la cualidad humana más noble que podamos desear. Y la razón de ello es que ella, de todas las criaturas, recuperó el parecido a Dios que Dios quiso encontrar, en varios grados, en todos nosotros.



lunes 22 de diciembre de 2008

La teología moral del diablo...

La teología moral del diablo parte del principio: “El placer es pecado”. Para a continuación hacer que se entienda: “Todo el pecado es placer”. 

Después señala que el placer es prácticamente inevitable y que tenemos una tendencia natural a hacer cosas que nos proporcionan placer, de lo cual extrae que todas nuestras tendencias naturales son malignas y que nuestra naturaleza es malvada en sí misma. Y nos lleva a la conclusión de que no hay forma de evitar el pecado, ya que es imposible escapar del placer. 

Después, para asegurarse de que nadie trata de escapar o evitar el pecado, añade que lo que es inevitable no puede ser un pecado. Entonces se tira por la ventana todo el concepto de pecado y la gente decide que no queda nada salvo vivir para el placer, y de esa manera placeres que son naturalmente buenos se vuelven malignos y las vidas se tiran a la basura en infelicidad y pecado.

Fe y no imaginación...

Es la fe y no la imaginación lo que nos da vida sobrenatural, la fe que nos justifica, la fe que nos lleva a la contemplación. “Pero mi justo vivirá por la fe” (Hebreos, 10:38), no por la imaginación. La imaginación sólo entra dentro de ella accidentalmente. Si necesitas usar tu imaginación con objeto de recordarte al Cristo en el que crees, adelante y úsala. Pero si puedes ejercitar tu fe en Él sin el fastidio de tener que invocar continuamente una imagen de Él, mucho mejor: tu fe será más simple y más pura.


Nuestro descubrimiento de Dios...

Nuestro descubrimiento de Dios es, de cierta manera, el descubrimiento de nosotros por parte de Dios. No podemos ir al cielo a encontrarle porque no tenemos forma de saber dónde está o qué es el cielo. Él baja del cielo y nos  encuentra. Nos mira desde las profundidades de Su propia actualidad infinita, que está en todas partes, y Su vernos nos da un nuevo ser y una nueva mente en la que también le descubrimos a Él. Sólo Le conocemos en tanto somos conocidos por Él, y nuestra contemplación de Él es una participación en Su contemplación de Sí mismo.

Llegamos a ser contemplativos cuando Dios se descubre Él mismo en nosotros.

domingo 21 de diciembre de 2008

La contemplación no es...

La contemplación no es el trance o el éxtasis, ni escuchar de repente palabras impronunciables, ni imaginar luces. No es el fuego emocional ni la dulzura que acompañan a la exaltación religiosa. No es entusiasmo, la sensación de ser atrapados por una fuerza elemental y arrastrados a la liberación por un frenesí místico.